Hay veces que te sientes perdido o simplemente desubicado, que crees que este o aquel no es tu sitio, que te falta y te sobra todo a la vez, pero tan sólo necesitas tiempo para encontrar tu lugar y volver a sentirte bien. "La pieza que me faltaba" es un buen reflejo de esas sensaciones...
Un día como
cualquier otro, pero no igual, estaba yo aburrido y remeneando mis
posesiones, cuando descubrí un puzle que se me había regalado antes
de que supiera como armarlo. Así que aburrido pero no perezoso abrí
yo mi caja para ver lo que había dentro. Era un puzle de muchas
piezas y ninguna parecía tener nada que ver con la otra. Imagínense
la dificultad que encontraba yo para encajarlas. Al cabo de un mes no
había encajado ni un par de ellas juntas. Tal vez fueran los porros
y el alcohol, pero en un cierto punto podría haber jurado por lo que
no es mío que las piezas se movían solas. Visto que estas piezas no
encajaban me propuse no parar hasta unirlas todas.
Intrigado a más no
poder, comenzó mi afición por documentar las diferencias entre las
piezas. Viajé por todo el país y sentado en las más bellas y
diversas plazas observaba a las piezas. Me encantaba analizarlas,
perdidas y desesperadas vagaban sin rumbo, chocando entre ellas y
hasta rompiéndose en ocasiones. Al principio me pareció que cada
una se comportaba de una manera específica, pero con el tiempo me
percaté de que su comportamiento variaba según el contexto en el
que estaban situadas.
Con esta nueva
variante empecé a mover piezas de una plaza a otra. Mi sorpresa fue
grata cuando vi que las protrusiones que antes les impedían estar
juntas mutaban y las hacían encajar melodiosamente. Lo que era un
sinsentido cogió forma y color. Ahí cabalgaba yo, en mis 6
cilindros y escuchando a manolo escobar, de plaza en plaza juntando,
moviendo y cambiando a las piezas. Al cabo del tiempo ya tenía la
mayoría, pero no podía parar hasta reunirlas a todas. Esas piezas
unidas en esas plazas que a su vez estaban unidas entre sí formaban
una silueta que me era familiar pero no acababa de reconocer. Me
faltaban aun unas cuantas para poder acabar mi puzle y desvelar el
sentido detrás de ese mar de piezas.
Habiéndome
recorrido todo el país decidí emigrar a Europa para encontrar las
piezas que me faltaban. Al principio no me di cuenta, pero conforme
más tiempo pasaba en el extranjero más fácil me era distinguir mis
piezas. No era nada en concreto pero tenían algo especial. Sólo
verlas ya sabía a qué plaza pertenecían y aunque no podía
cogerlas y llevármelas, en el puzle de mi cabeza ya estaban
encajadas.
Así una tras otra,
país tras país las piezas tomaban forma. Era el mapa de España.
Una pieza derecha en el lado izquierdo, la del centro en el sur y la
del sur en el norte. Donde antes no encajaban ahora vivían en
armonía. Las líneas que antes las separaban ahora eran lazos que
las unían. No obstante el puzle aún no estaba completo, faltaba una
pieza, una pieza que busque y busque pero que no encontré hasta
mucho más tarde cuando entendí que no importa el lugar, lo
importante es encontrar tu hueco.